“Necesidades”

Se calcula que hace un siglo el hombre promedio tenía 72 deseos, 16 de los cuales se consideraban necesidades. Hoy se calcula que el hombre promedio tiene 474 deseos, 94 de los cuales consideran necesidades.

Un periodista, año 1956

Supongo que ahora no se hacen declaraciones como esas. Ahora cada vez hacemos menos y “necesitamos” más.

“Family Movie Night”

Hace dos días que quiero escribir este post, pero ¡que difícil se hace sentarse con un poco de tranquilidad a organizar ideas!

Quiero contarles de nuestra “Family Movie Night” Llevamos semanas amasando la idea, y finalmente rompimos el hielo este fin de semana. Es algo muy sencillo, pero la pasamos super bien todos.

Todo comienza cuando cada uno escribe en su papelito la película que quiere ver. Entonces la echamos en un pomo (vamos a buscar un potecito bonito especial para este ritual 🙂 batimos, y se saca un papelito con la película que se vera esa noche.

Acomodamos los sofas, hacemos rositas de maíz, pizza, coffe cakes o galleticas, refresco, y ¡listo! Todo el mundo acomodado, con colchas y potes de rositas. Se apagan las luces y ¡comienza la acción!

Este Viernes vimos WALL-E, preciosa película, en la que con pocas palabras, le sacan a uno las lagrimas.

¡Que distinto es ver una película todos juntos, con ese ambiente de que estamos haciendo algo especial! De verdad la pasamos riquísimo, y fue algo sano, económico y seguro.
Todos quedamos embullados para el Viernes que viene, tal vez me embulle y saque algunas fotos de los preparativos, para que las disfruten por aquí.

Oro no… recuerdos.

En un reino lejano en medio del mar el “Protector del Pueblo” necesitó Oro. ¿Quien no necesita Oro? El problema era (siempre hay un problema) que el “Protector” no tenía oro… ni tenía de donde sacarlo. ¡Un momento! El pueblo tenía Oro. Escondido como reliquias, tesoros llenos de polvo y sin sentido. ¿Para que quería Oro el pueblo? El pueblo no necesitaba Oro… el “Protector” si… para ayudar al pueblo. Esto planteaba otra cuestión: ¿cómo lograr que el pueblo entregara sus reliquias más preciadas? El “Protector decidió revivir un viejo fantasma, a su enemigo “Consumismo” que ahora actuaría según su antojo. Y lo hizo. De pronto un deseo irresistible se apoderó del pueblo. El deseo de dar sus reliquias de Oro y Plata a cambio de televisores, batidoras, ropa de brillantes colores y poca calidad, zapatos deportivos de corta vida…

Yo viví en el reino lejano en medio del mar. Y este episodio muchos lo recuerdan como “La Casa del Oro y  la Plata”. Una iniciativa del gobierno cubano que llevó a muchos a entregar sus reliquias familiares de oro y plata  más preciadas para acceder a unas tiendas especiales repletas de productos del mundo capitalista (que siempre se había dicho que no necesitabamos) en las que el dinero rendía muy poco.

Era un niño, casi un adolescente.  Mi hermano y yo veíamos a nuestros compañeros de escuela mostrando sus nuevas prendas, que se nos antojaban espectaculares, y nos caía encima una pena inmensa que se escapaba por los ojos. Mis padres nos miraban los ojos… y se les encogía el corazón. Por eso llevaron sus anillos de compromiso, sus únicas reliquias, a la Casa del Oro y la Plata y los vendieron por unos pesos para poder llevarnos esas tiendas especiales y maravillosas. Éramos niños y mientras escogiamos apenas dos mudas de ropas saltando alegres entre montañas de “trapos” no entendíamos el sacrificio que habían tenido que hacer nuestro padres.

No entendíamos el sacrificio que habían hecho muchas personas al dar sus más preciados recuerdos por baratijas, por el derecho de acceder a lo que se le había negado por años… porque era malo.

Hoy, muchos años después, recordé este evento, recordé los dedos desnudos de mis padres, los recordé víctimas de la usura del “Protector”. Recordé a un pueblo entero que entregó sus recuerdos por ropones de dormir y piyamas con los que después salían a la calle como si fueran vestidos de noche… Y quise reir, pero hasta ahora la tristeza ha sido más fuerte.

Que usurero tan grande… el mayor de todos.

El “Protector del Pueblo” tuvo su Oro. El pueblo siguió su vida… con un poco menos. Con menos recuerdos, con menos historia. Con menos Oro, pero eso en realidad no era importante.