Dando tumbos

Caminábamos apurados, aquel amigo y yo, teníamos cosas que hacer; cosas de gente seria. Pero entonces prácticamente tropecé con él. Un hombre borracho caído en el suelo… la cabeza le sangraba un poco, solo un rasguño. “¿Estás bien compadre?” le pregunté agachándome. Mi amigo hizo un gesto de contrariedad. “A ver vamos a ayudarte, a ver… oye, ayúdame y agarralo por el otro brazo, dale”, le dije (¿ordené?) a mi amigo. Me hizo caso de la mala gana y lo arrastramos a un banco cercano, el hombre olía a alcohol y a orina. “¿Donde tu vives?” No pude entender nada de lo que dijo… solo “mi hermano… mi socio” o algo así. “Vámonos, esto no tiene remedio”, dijo mi amigo. “Oye, fíjate quédate aquí sentado… no te pongas a caminar que ya te caíste… te puedes matar.” le advertí antes de irme.

“No podía dejarlo ahí tirado…” dije como disculpándome caminando Vento arriba… Mi amigo me hizo una seña y yo volteé. El borracho había echado a andar, iba dando tumbos, chocando con árboles y piedras, gritaba más que cantar una antigüa marcha proletaria. Bajé la cabeza y me sacudí las manos. Seguimos rumbo a nuestras cosas serias. Olíamos a alcohol y orina.

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